Los alumnos más ambiciosos se copian más que los vagos, según estudio
Esto ocurra ya que los profesores les entregaban los exámenes ya calificados para que los alumnos puedan verlos y hacerles preguntas posteriormente. Si el profesor se haba equivocado, los estudiantes podan pedir que se corrijan nuevamente, pero algunos decidieron alterar las pruebas para que se califiquen nuevamente y as obtener un puntaje más alto.
De esta manera, el equipo de investigación escaneó más de 3600 exámenes originales de 11 cursos de estudiantes de grado para determinar qué tan frecuente se cometa una falta de ética académica. Analizaron, además, 448 pruebas que se haban presentado nuevamente con agregados o escritos eliminados con respecto a los originales.
Dos tercios de los casos se dio en aulas con cursos más difciles, en los que se inscriben los alumnos más motivados, ambiciosos y competitivos. "Nuestros resultados apuntan a que los estudiantes más competitivos, como grupo especfico, son los que más probabilidades tienen de hacer trampa, y no hay ninguna indicación de que los hombres lo hagan más que las mujeres", aseguraron.
Los alumnos más ambiciosos se copian más que los vagos, según estudio
Una investigación realizada por una universidad canadiense reveló que los alumnos más competitivos tenían más probabilidades de hacer trampa en un examen que los que no se desviven por tener buenas notas.
Existe un prejuicio constante en relación a los estudiantes considerados "vagos". Se cree que, a la hora de presentarse a un examen, este sector estudiantil es el que probablemente haga trampa, para poder salvarse una vez más de reprobar. Sin embargo, un nuevo estudio propone exactamente lo contrario.
Según una nueva investigación realizada por la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, es más probable que sean los alumnos más ambiciosos y competitivos los que se copien durante una prueba.
Los investigadores decidieron realizar este estudio luego de que se sospechara que "algunos alumnos estaban alterando exámenes escritos ya entregados y presentándolos nuevamente para obtener notas más altas, y por ende comprometiendo la integridad de nuestro método de evaluación primario".
Esto ocurría ya que los profesores les entregaban los exámenes ya calificados para que los alumnos puedan verlos y hacerles preguntas posteriormente. Si el profesor se había equivocado, los estudiantes podían pedir que se corrijan nuevamente, pero algunos decidieron alterar las pruebas para que se califiquen nuevamente y así obtener un puntaje más alto.
De esta manera, el equipo de investigación escaneó más de 3600 exámenes originales de 11 cursos de estudiantes de grado para determinar qué tan frecuente se cometía una falta de ética académica. Analizaron, además, 448 pruebas que se habían presentado nuevamente con agregados o escritos eliminados con respecto a los originales.
Descubrieron con este método 78 casos en los que los estudiantes habían hecho trampa, y casi la mitad de los casos provenía de estudiantes que ya habían cometido una infracción académica similar anteriormente.
Dos tercios de los casos se dio en aulas con cursos más difíciles, en los que se inscriben los alumnos más motivados, ambiciosos y competitivos. "Nuestros resultados apuntan a que los estudiantes más competitivos, como grupo específico, son los que más probabilidades tienen de hacer trampa, y no hay ninguna indicación de que los hombres lo hagan más que las mujeres", aseguraron.